Los hijos que no parimos

O lo que viene a ser lo mismo, los SOBRINOS. Para muchos, serán un grado de parentesco más, para mi, como unos hijos más.

En el año 2009 y con una diferencia de cuatro meses, me convertí en tía y madrina de dos preciosas niñas: Ariadna y Alba. Ariadna fue la primera en llegar y descubrirme como tía. La que me enseñó a cambiar pañales a mis 18 años, la que me enseñó a qué temperatura tenía que calentar la leche de un día a las 3h de la madrugada. Mis salidas por la tarde con las amigas, se habían convertido en paseos a parques y columpios. Cualquier día podía ser especial si ella estaba allí. Recuerdo cuando me encerraba en la habitación a estudiar y ella me interrumpía diciéndome que quería sentarse en mi falda a pintar. Siempre conmigo. En mis días malos tan solo tenía que comérmela a besos, y ya lo llenaba de sonrisas.

Cuatro meses más tarde nació la segunda princesa Alba, tan delicada, tan sentida, y mis sentimientos se volvían a repetir. Recuerdo como le costaba dormir, pero meciéndola con todo mi amor y cantándole el repertorio de canciones se dormía plácidamente. Cuando la dejaba en la cuna, no podía evitar quedarme unos segundos embobada admirando el segundo regalo que mis hermanos me habían hecho.

Unos años después, exactamente en el 2016 nació mi príncipe Aaron, hermano de Ariadna: “mi niño”! La vida nos ponía a prueba con la llegada de un segundo niño a la familia, primero Biel y luego él. Su llegada no fué fácil, muchos sentimientos encontrados, miedos. Era el primer bebé después de que mi niño se mudara a las nubes. ¿Y si no puedo quererlo? Me preguntaba. No podía evitar doler, ser un nacimiento difícil, ¿y si también venía para irse? No quería ilusionarme, no quería sentir nada “por si acaso”. Y ahí vino un 12 de febrero, 5 días antes que mi hijo, pero de dos años después. Con su carita de muñeco, con su olor dulce a bebé y sus sonrisas prematuras. El momento en el que lo vi por primera vez se paralizó. Solo existimos él y yo. Aaron me enseñó que podía ahuyentar mis miedos, que sería menos difícil de lo que pensaba después de despedirme de mi hijo. Él fué mi puente para acercarme a los bebés más pequeños de mi entorno. Y es hoy, cuando me pregunto qué haría yo sin él, NADA!

Éste año, voy a convertirme en tía por cuarta vez de otra princesa llamada Abril. Quiero decirle muchas cosas. Quiero que sepa que espero su llegada de una manera diferente, con amor, ilusión y cariño. Que cada día pienso como será su carita, si será igual de bonita que su hermana Alba. Pero sobretodo quiero que sepa que no tengo prisa en conocerla, que la voy a esperar, y que venga cuando tenga que venir.

Ojalá pudiera detener el tiempo porque estan creciendo demasiado rápido y siento que me pierdo muchos momentos aunque intente regalarles el máximo de mi tiempo. Pero sabéis? Me alegra. Me encanta ver cómo cada vez son más listos, más independientes y lo importante, estan sanos.

Y así es, los sobrinos son hijos que no hemos parido. Daría cualquier cosa solo por verlos feliz. Les diría también que lo siento. Que siento no haber podido dar todo de mi durante estos dos años de dolor, años en los que me han pedido jugar y no tenía ganas. Tardes que querían enseñarme cosas y lo único que yo deseaba era descansar y encontrarme a mi misma. Aunque se que me han perdonado y ahora me lo devuelven con ” nuestros abrazos de oso”. También les digo que, gracias a su amor, su cariño, su delicadeza y sus mimos hoy puedo ser quién soy. No cambiaría nada de ninguno de los cuatro. Cada uno tan especial para mi, con sus virtudes y sus defectos, con su propia personalidad.

Y como no, agradecer a mis hermanos y cuñados el regalo más grande que me podían hacer, ELLOS cuatro:

ARIADNA     ALBA     AARON     ABRIL

 

 

¿Cómo conocí a mi hijo Biel?

Aunque no como quería, yo también parí. Y sí, el precioso cachorro de la foto es mi hijo Biel:

A veces buscamos la solución a nuestros problemas y otras, ser escuchados, pero el problema aparece cuando lo que oímos no es realmente lo que queremos escuchar aunque ya lo sepamos. Y así fue ese 17 de febrero de hace dos años, escuchando la peor noticia que me podrían dar.

El día 15 de febrero me disponía a dormir porque ya era tarde. Exactamente eran las 23:30h. Hena, nuestra perrita también dormía junto a los pies de nuestra cama. Teníamos que descansar ya que a las 8h teníamos que estar en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona para inducirme el parto. Como no podía dormir por los nervios pensando como iba a ser mi primer parto, la cara de mi primer hijo, y la peor pesadilla de mi vida que no supe hasta 3 días después, opté por ver un rato la televisión. Mi hijo Biel ya era muy grandote, así que las noches se hacían imposibles para dormir. No había manera de encontrar la postura en la que no me “aplastara”. Sentía que me ahogaba, tenía ardores y no sabía donde poner mi barriga ni como ponerme toda yo! Montañas de cojines delataban cual era mi lado de la cama apenas cruzar la puerta de la habitación. Recuerdo que quise incorporarme y noté un fuerte golpe que pareció un ruido sordo: ¡puum!, y noté como un líquido caliente mojaba mi ropa. ¡No puede ser, esto no me puede estar pasando! pensé. Papá ya estaba casi dormido, pero de la inspiración tan fuerte que hice se giró y me miró. ¿Qué pasa? preguntó. Ninguna palabra era capaz de salir por mi boca, creo que me puse pálida de golpe y él seguía insistiendo. Largos segundos después, le pregunté si la cama estaba mojada: bueno, un poco. ¡¿Un poco?!. ¡Creo que he roto aguas!, le dije con la voz temblorosa. No fastidies, y ahora qué? respondió él. Pues eso mismo me preguntaba yo, ¿y ahora qué? De repente todas las preguntas vinieron a mi cabeza: a qué hospital ir, dónde iba a nacer el niño: en Barcelona o en Tarragona?, ¿voy en coche o llamo a una ambulancia? Sólo me repetía a mi misma que no podía estar pasando, “mi niño no puede nacer hoy en Tarragona, tiene que nacer mañana en Barcelona” donde tenían todo preparado para su estado de salud ,incluyendo tecnología y personal, pero poco podíamos hacer si él quería ser “Tarragoní” como sus papás. Me apoyé en la cuna que ya estaba preparada desde hacía una semana y me fui al lavabo como pude, ¡parecía una fuente! Creo que nunca olvidaré la imagen de Hena persiguiéndome preocupada, sabiendo que algo pasaba y a papá corriendo a buscar la fregona. Sí, habéis leído bien, la fregona. Podéis imaginaros la escena donde yo ya no sabía si reír o llorar…

En el cuarto de baño los minutos pasaban lentísimos. Cuando volvió papá le dije: ¡es rubio! Se quedó con cara de extrañado, y es que en mi ropa interior junto con el líquido amniótico habían salido pelitos rubios de mi niño. Fue en ese momento cuando pensé, ¡esto ya empieza!

Pero aún quedaba otra duda: ¿avisamos ya a la familia? Sinceramente, el peor error que pude hacer. Como el embarazo había sido complicado y con visitas semanales a la Vall d’Hebron, decidí crear un grupo de chat para pasar el “parte” cada vez que veníamos del médico. Así, todos eran partícipes de nuestro embarazo, estaban “al día”, tenían las ecografías y nos animaban con los progresos de Biel. Le dije a papá que avisara a mis padres (los iaios de Biel) de lo que había sucedido, pero algo hizo que no nos entendiéramos y avisó por el grupo. En cuestión de 1 minuto, toda la familia (padrinos, tíos, primos y abuelos) se habían enterado de que ya había roto aguas. Igual era para añadir un poco de humor al momento porque no habíamos tenido suficiente con la perrita y la fregona.

En menos de 10 minutos, mis padres ya estaban en casa. Y en poco más de 12 horas, más de 10 personas (familiares nuestros) ocuparían toda la sala de espera del hospital sin saber que sería un “parto de dos días”). Mi barriga había disminuido su tamaño considerablemente por la cantidad de líquido que ya había expulsado pero ni rastro de contracciones. Aún recuerdo la toalla morada que usé para no parecer cual caracol por la casa de 3 plantas que justamente había barrido y fregado hoy. Papá llamó al 112 para pedir una ambulancia, pero después de explicarle a ese “señor” sin ganas de trabajar (por llamarlo de alguna manera) que era un parto de riesgo, nos dijo que no hacía falta enviarla si nosotros teníamos coche. Así que cayendo en errores de novatos, cogimos el coche y acudimos al hospital de Tarragona. Bajo ningún concepto quería dar a luz a mi hijo en ese hospital, pero iba con la esperanza de que me derivaran desde allí en ambulancia al hospital de Barcelona.

Cuando llegamos enseguida me hicieron entrar. Un sinfín de preguntas (ya que no era el hospital donde me habían llevado el embarazo), medida de tensión y temperatura, una ecografía, una vía con antibiótico de regalo y empieza la tortura con el primer tacto. Al menos podría haberse cortado las uñas ésta bicha, pensé. Nada, cuello del útero borrado pero nada dilatado. En ese momento no entendía nada de lo que me estaban diciendo. Que me hablen en mi idioma, pensé, y no con tanto tecnicismo.

Al decir que era embarazo de riesgo me hicieron quedarme ingresada porque el médico de ARO (Alto Riesgo Obstétrico) no trabajaba en ese turno. Según ellos no era necesario un traslado en ambulancia hasta Barcelona, ya que en ese hospital estaban capacitados para realizar tal parto. Así que hacíamos noche en el hospital con los monitores y por la mañana me visitarían. Estaba muy asustada. Biel había sido durante los 9 meses “un trasto” y no paraba quieto, y de repente no se movía en absoluto; claro, le habían quitado su piscina olímpica como me decía Sílvia de la Vall d’Hebron, ya no podía hacer sus “largos”. ¿Estará bien? pensaba a cada segundo, pero los monitores delataban su fuerte latir del corazón, ese que no latiría por muchos días más.

A la mañana siguiente me visitó el médico después de otro horrible tacto. Todo seguía igual, ni un centímetro de dilatación ni dolor de contracciones. Debido al hidrotórax que sufrió Biel en todo el embarazo (presencia de líquido amniótico entre la pleura y los pulmones) el médico quería probar algo: introducir una aguja en los pulmones de Biel a través de mi barriga para extraer el líquido y que éstos se pudieran expandir con la primera bocanada de oxigeno que recibiera al nacer. La cara del médico era un poema cuando pasaba el ecógrafo por mi barriga. No podía ser así. Mis intestinos estaban colocados por encima de Biel, si introducían la aguja había peligro de perforar mis intestinos y provocar una infección mortal, así que en pocas palabras era o mi hijo o yo, pero en ese momento ninguno éramos conscientes de ese peligro, ha sido el tiempo el que nos ha enseñado el peligro que ambos atravesamos. Solo quedaba esperar si Biel cambiaba de posición pero no hubo manera, mi retoño estaba muy cómodo y no había nada que le hiciera cambiar de postura.

Pasaban las horas y no me ponía de parto, así que me introdujeron Propess para empezar a dilatar (un proceso más doloroso aún que el tacto). Era un cordoncito que se introducía en el canal del parto y hacía que el proceso fuera más rápido. Al ir al servicio (que ya lo usaba de excusa para caminar y seguir mi propio instinto y la gravedad para que todo fluyera mejor y no quedarme en esa horrorosa cama de la cual no me dejaban ni levantar) expulsé el Propess, así que enseguida vino una enfermera y me introdujo otro para más INRI.

Nada estaba saliendo como yo había planeado, ni siquiera se le asemejaba. No me dejaban andar, comer ni beber. La idea de un parto natural se esfumó cuando me dijeron que el parto iba a ser inducido. El hospital donde iba a dar a luz no era el que yo quería por sus principios, ni donde debía, ya que ni el material ni el personal estaban preparados para un parto así. ¿Podía salirme mal algo más? Pues sí, eso sólo era el principio.

Entre la oxitocina en vena y el Propess, el proceso se iba acelerando. Empezaban las primeras contracciones. Después de más de 24h ya no podía con mi alma, así que sin comer, beber, dormir y con tanto dolor pedí que me administraran la anestesia epidural. Para comprobar si podían administrármela me hicieron otro tacto, y después de varias intentonas por fin alcancé los 3cm de dilatación y me pudieron anestesiar. ¡Gloria bendita! No me lo podía creer, el dolor se había ido por unos minutos. Ya estaba en la camilla de partos, con una sabana encima que me cubría para hacer más fácil la observación de los médicos. Otra mujer gritaba en la camilla de la sala de al lado mientras daba a luz a su bebé. ¡Qué horror!, pensé al oírla, la que me espera… Hasta una comadrona maleducada le dijo que se callara que “no era para tanto”.

Después de dos noches sin dormir, ese era mi momento, media hora de descanso que agradecí muchísimo después de dos noches seguidas en vela. Al poco tiempo, vinieron a verme para saber como iba la cosa y la comadrona dijo: uy, pero si ya está aquí! mira papá, ¿le ves la cabecita?

No me lo podía creer, mi niño ya había coronado y yo sin enterarme. Menos mal que papá no salió a comer como mi madre le había propuesto (eran las 14h) sino, no le hubiera visto nacer. Todo fue rapidísimo: cuando yo te avise, ¡puja! me dijo la comadrona, pero yo no sentía esa necesidad mamífera de pujar debido a la anestesia y hacía lo que podía o sabía en ese momento. Una enfermera amable me enseñó donde me podía coger para que me fuera más fácil pujar mientras otra que no merece esa descripción, dejó caer todo su peso con sus puños en mi barriga realizando la maniobra de Kristeller (que aún dos años después me produce dolor en la última costilla derecha debido a una fisura). Aguantaba como podía, me estaba haciendo más daño ella que el día y medio de parto que llevaba. Lo intentó tres veces y le dije entre lágrimas que no podía más, que me dolía muchísimo y se fue mirándome con mala cara. La comadrona decidió usar fórceps a parte de una enorme episiotomía de la cual nunca quisieron decirme los puntos de tantos que me tuvieron que coser. Todo eso sin consentimiento, y lo sé porque pregunté, si no, ¡a saber! Pero la salud de mi niño corría peligro y probaron de todo para evitar un final fatal, algo que a día de hoy ya puedo decir que casi les he “perdonado”.

Y así, después de todo ese laborioso parto es como mi hijo Biel nació. A las 14:28h del 17.2.15 con 2.800kg estando yo de 36+4 SDG (semanas de gestación). Corriendo se lo llevaron a la incubadora donde papá pudo ver como le hacían una RCP (reanimación cardio-pulmonar). Al no haber podido extraer el líquido amniótico de sus pulmones, éstos se encontraban llenos de líquido y no podía respirar. Los familiares que esperaban fuera pudieron ver como lo sacaron para llevárselo a la UCI Neonatal mientras lo reanimaban. No quiero imaginar qué pensarían mis cuatro sobrinos con esas imágenes tan duras para su edad tan corta. Ése es el único recuerdo que tienen en vida de Biel.

Yo, viendo que las cosas no salían como queríamos que salieran y aconsejada por la pediatra, fui a conocer a mi hijo Biel a la UCI “por lo que pudiera pasar, y ponerle cara”. No sé de donde saqué fuerzas, seguramente el instinto de mamá me pedía estar cerca de mi cachorro para usar nuestra sinergia. Con mi silla de ruedas nos dirigimos a la UCI. La silla se paró delante del bebé más bonito que mis ojos habían visto jamás: éste es Biel, ¿has visto que guapo es? dijo papá. Y tenía razón, un bebé blanquito de piel, rubio, lleno de cables y máquinas que hacían mucho ruido pero velaban por su estabilidad. Qué pena no poder olerte, no poder poner color a tus ojos, no poder cogerte ni comerte a besos. Qué pena no poder presentarte a tus primos y tíos que tan deseosos estaban de conocerte. Qué pena que tus iaios no pudieran ponerte cara como yo. Qué pena que no conocieras a Hena, la perrita fiel que siempre te buscaba acomodándose encima de mi barriga cuando aún permanecías en ella. Qué pena que tu luz se apagara para encender la mía. Pero sé que dentro de esa pena, encontraré el arco-iris que coloree nuestros días. Gracias hijo, gracias MAESTRO por enseñarme a ser una mejor mamá. Porque por primera vez me he dado cuenta de que es un hijo el que puede enseñar más a sus papás y no sus papás a él. Te quiero con todo mi ser ❤

FELIZ CUMPLEAÑOS, CHIQUITO

Porque así es como llaman sus papás a Jael, uno de mis tres mosqueteros que hoy ha cumplido ¡5 años!
Hace tres años cuando me quedé embarazada de Biel, conocí a Sonia gracias a una muy buena amiga. Nos encontrábamos las tres en un grupo de mamás donde compartíamos experiencias y anécdotas. Apenas sabía nada de Sonia, solo que tenía un bebé de pocos meses. Cuando Biel se fue, Sonia fue un gran pilar para mi. Se abrió y me contó que a parte de su bebé terrenal, tenía un bebé en el cielo, Jael y que, como muchos papás, tenía el corazón dividido entre el cielo y la tierra. Ella me ofreció su mano y supo guiarme hasta la luz del final del túnel. Cada cosa que yo sentía se la preguntaba y con ella me sentía libre de expresar cada sentimiento dentro de mi.

Al mes, abrí mi buzón y encontré un libro para mi. Me lo había enviado ella con una dedicatoria que todavía guardo como un tesoro: El camino de las lágrimas, de Jorge Bucay. “Deseo que pronto veas un arco-iris y mil mariposas blancas”, me dijo. Y así, consiguió que cada vez que viera una mariposa blanca, me acordara de su preciosa familia de CUATRO.

Tengo muchas cosas que agradecerle a Sonia: su amistad, su cariño, su empatía, su capacidad para animarme cuando algo no me sale bien, su serenidad…pero sobretodo, quiero agradecerle a Jael por ponerme a una mamá como la suya en mi camino. Tan necesaria para mi, para mi crecimiento y mi persona.

Como ella misma dice, Sonia es muchas cosas: es dependienta, es Doula especializada en Duelo perinatal, es Asesora de porteo y de Lactancia materna en formación, y entre otras, también es mamá bloguera!
Hace algo más de un año se inició en este mundo para ayudar a más papás que como nosotras han perdido un hijo.  Si todavía no la conocéis os animo a que entréis a su blog el cual no os dejará indiferentes:

https://elpijamadegary.com/

FELICIDADES CHIQUITO, porque aunque no te haya conocido, te echo de menos. Cuida a mi pequeño, jugar junto a Eric, Diego y los demás bebés estrella. Ya son 5 años, pero para nosotros siempre serás nuestro bebé. Gracias por enseñarnos tanto, a valorar y a querer sin necesidad de tocar ❤ JAEL ❤

¿Cómo tratamos a nuestros hijos?

Ésta tarde leyendo artículos, me he topado con éste tan acertado. No hay mejor manera de tratar a nuestros hijos que como nos gustaría que nos trataran.

Para ellos, que tantas cosas les quedan por conocer y aprender, el mundo es un lugar lleno de nuevas experiencias y qué mejor que compartirlo con papá y mamá.

“Porque nosotros seremos papás y mamás toda la vida, ellos sólo serán niños una vez.”

También habla de lo que le da nombre a éste blog, El poder del instinto  como la mejor estrategia para educarlos. De la preocupación que tenemos los padres para darles “lo más” a nuestros hijos en cuanto a material, olvidando que lo esencial es el cariño, el amor, el tiempo, el respeto, entre otros.

” Una madre es más eficaz que nunca cuando confía en su instinto, cuando lee en los ojos de su hijo aquello que de verdad necesita.”

Os dejo el enlace, deseo que os guste tanto como a mi:

https://lamenteesmaravillosa.com/trata-tus-hijos-gustaria-tratado/

Y como se despide éste artículo, lo hago yo también:
Tratemos a nuestros hijos con cuidado, están hechos de sueños ❤

 

FELICES 2, MI PRÍNCIPE DE LAS NUBES

“CADA VEZ QUE TE RECUERDO PIENSO QUIÉN LE DIO LA VIDA A QUIÉN”

Es increíble cómo un hijo puede cambiarte la vida. Siempre me lo habían dicho, y es que cuando un hijo se muda a las nubes antes que sus padres, la vida de éstos cambia completamente.
Dos años. Dos años intensos, duros y de puro aprendizaje. Dos en los que me he sentido débil, derrumbada, en lo más hondo de una montaña que parecía no tener una cima.
Hace dos años estaba pariéndote, exactamente a las 14:28 h te ayudaba a llegar a ésta vida, que aunque más corta de lo que habíamos soñado, fue la más rica en amor que jamás había tenido y sé que tendré. El amor del primer hijo. Hoy, dos años después he dado a luz éste blog. Un nuevo proyecto que nace de ti y de mi, de nosotros. De lo que fuimos y de lo que siempre seremos. Un lugar para dar nombre a la maternidad desde un punto de vista diferente, desde el que nadie habla y desde el que conseguiremos que éste no sea un tema tabú luchando con más papás valientes, nombrando a los bebés que se marcharon demasiado pronto y compartiendo la alegría de la llegada de un bebé arco-iris.

Gracias por hacer que me encuentre a mi misma, por guiar mi camino con tu luz, por llevarme a hacer lo que quiero. Por enseñarme a valorar cosas que antes de ti pasaban desapercibidas; desde un día soleado en mitad del invierno hasta un encuentro familiar. Gracias por traer gente maravillosa de la que me nutro día tras día, con la que aprendo, río, lloro y me divierto.

Y es que con todas las cosas buenas que me das, cada vez que te recuerdo pienso quién le dio la vida a quién. Felices 2 años mi vida. Éste año hemos celebrado tu cumpleaños con los tíos, abuelos y primos. Hemos soplado tu vela y hemos repartido las galletas que preparé con todo nuestro amor. Es un poco especial, es el primer cumpleaños al que asisto donde un “cumpleañero” hace más regalos a sus invitados que éstos a él. Y es que cada día de vida, es un regalo que me haces.

Mañana nos veremos en el lugar de siempre, NUESTRO LUGAR. Donde los pájaros cantan sin parar, donde siempre sale el sol y los arco-iris brillan de dos en dos. Cerraré los ojos, sonreiré y comeré tu porción de pastel. Desearé que el año que viene, tanta gente como éste o más, se acuerde de nosotros.

Seguiré hablando de ti, te nombraré siempre que salga la oportunidad y cuando no también, seguiré hablando a tus primos pequeños de ti, los mismos que te hacen dibujos y prestan su tarta para poner tu velita en tu día. Porque juntos podremos y juntos lo conseguiremos.

¡MUCHAS FELICIDADES BIEL!

Quiero dar las gracias a todas las personas que nos han felicitado a lo largo del día de hoy con mensajes preciosos, alegres y llenos de amor. Porque eso es lo que queremos. Visualizar el duelo y el dolor desde el amor ❤

Pequeños (o grandes) placeres de la vida

Así definiría yo ésta formación de Asesoría en Lactancia Materna, como un Gran Placer de mi vida. Porque siempre me había querido dedicar al mundo de la crianza y al final, alimentar con lactancia materna también es un modo de criar.

Aún siendo mi gran deseo, no dejaba de verlo lejos porque todos sabemos que los sueños no dejan de ser difíciles de conseguir. Pero ahí estaba el secreto: era difícil pero no imposible.

Y después de unos años aquí estoy, empezando un 2017 en el ecuador de un curso de Asesoría en Lactancia Materna con una profesora excepcional, unas compañeras que valen oro y unos conocimientos muy útiles para la vida de una mamá (o papá, o abuela, o cualquier persona que adore éste mundo como yo).

Ya son 4 meses de aprendizaje semana tras semana con clases, apuntes y revisiones. A veces parece un poco complicado, pero cuando tienes una “profe tetil” que lo explica todo tan fácil y comprensible, la montaña empieza a ser cuesta abajo. Meses que han pasado súper rápidos y es que, cuando uno está bien y ama lo que hace, el tiempo pasa volando.

Y no puedo evitar sentir un poquito de melancolía al darme cuenta que ya estamos a mitad de curso, que solo nos quedan 4 meses más para disfrutar de las “clases domingueras”, los ejercicios entregados a última hora (porque no hay tiempo para más entre familia, casa y un poquito de tiempo para nosotros) y las risas en el grupo de compañeras. Ese amor que desprenden. Y no digo que sólo queden unas semanas de aprender, porque considero que en ésta vida y sobretodo en éste mundo, estamos en constante aprendizaje.

En días como el de hoy, es cuando me doy cuenta de que cada uno estamos aquí para seguir el camino que queramos, aquel que nos pida el corazón y no el que nos impongan. Porque TOMEMOS LA DIRECCIÓN QUE TOMEMOS, SERÁ LA CORRECTA SI ES LO QUE NOSOTROS QUEREMOS. Porque la vida se resume en muchas cosas: necesidades, caprichos, entretenimientos, pero también pequeños o grandes placeres de la vida.

¿Y tú, qué dirección has tomado?

 

La derrota es para los valientes

O al menos, eso dicen. Así se titula la libretita que mi preciada sobrina y ahijada de siete años me ha regalado éstas Navidades con sus ahorros. Una libretita de tapa azul y hojas blancas, que carecen de letras y texto pero rebosan amor. Un pequeño tesoro. Mi tesoro, como lo eres tu para mi, mi príncipe de las nubes.

Hoy, día 5 de Enero he buscado tu mirada entre los ojos ilusionados de los niños. Esa inocencia que me derrite el corazón cuando alzan los bracitos a sus papás para que les levanten y puedan ver a los tres Reyes Magos tirando caramelos desde sus carrozas. Sé, que de la misma manera que lo he hecho yo, hubieras estallado a llorar en el primer cohete que anuncia su llegada. Puedo imaginar como sería un día como el de hoy contigo en casa. Estás a 43 días de cumplir dos añitos. ¿He dicho añitos? Dos años YA! Parece mentira…en tu nube ya eres todo un hombrecito, pero para siempre seguirás siendo mi bebé.

Hoy, como cada noche te tendría dormido en mi cama después de tu ración de teta, sí, esa que seguro dirían que “usas de chupete”. Llenarías mis riñones de patadas y te despertarías a media noche buscando nuestro calorcito con sollozos que desaparecerían con un tierno achuchón y un camión de besos. Seguramente estaría yo más nerviosa que tu por ver como por segundo año y con carita de sueño, abres esos regalos que creemos que tanta ilusión te van a hacer. Esos juguetes que después quedarían amontonados en un baúl mientras juegas con la caja de cartón que los envolvía.

Más tarde, iríamos a casa de los “iaios” y abrirías los regalos con tus primos Ariadna, Alba y Aaron, que sé con certeza, que se ofrecerían a ayudarte a descubrirlos. Yo no cabría en mi de la ilusión. Mis 4 niños juntos y en el día más feliz del año. Nos hubiéramos animado a traer unos churros como diría Papi y después del buen atracón, cada uno volvería a su casa pensando dónde va a guardar semejante carga de trastos navideños.

Pero la realidad no es esa ni por asomo, al menos no éste año. En mi carta de los Reyes Magos seguirá apareciendo tu nombre año tras año porque prometí hacer todas las cosas por y para ti. Soplaré tus velas cada cumpleaños, y haré todas las cosas que hacen los niños por ti, porque sé que estás dentro de mi y todo lo que yo viva lo vivirás tu también.

Ahora ve a dormir, los tres Reyes Magos de las nubes no tardarán en venir. Espero que hayáis sido buenos mis ángeles y que desde allí arriba recibáis nuestro cariño y nuestro amor como un regalo más de hoy. Para: Jael, Eric gran, Estrellita, Jan e Ylenia y todos los bebés que se fueron antes de tiempo, pero sobretodo, para ti mi amor BIEL. Te quiere mamá ❤

 

22 meses de aquel 22

Si alguien me preguntara por qué hoy, no sabría exactamente qué responderle. Hoy, día 22, a 22 meses de aquel 22. Quizás por eso, o quizás no. Porqué es algo que simplemente sale de ti una mañana cuando te levantas, y ya está. Y das vueltas y vueltas y crees que será mejor así. Hoy, día 22, ha sido el Día. No un día para decir adiós, sino un hasta pronto, o hasta mucho, pero no un hasta nunca. Día de despedirse del dolor y recibir el amor. Amor que envuelve tus señales, tus recuerdos y todo de ti. 22 meses que han pasado como 100 años, pero que no cambiaría ni un solo minuto de ellos, porque gracias a ellos hoy puedo ser quien soy. 22 meses de dolor, de lágrimas, de trabajo duro por delante. 22 meses, donde compañeros de viaje me alentaban que algún día podría transformar ese dolor en amor y parecía imposible. Pues sí, COMPAÑEROS, hoy os doy las gracias por enseñarme las pautas para emprender éste camino, cual índice muestra los capítulos de un libro. Porque así resumo mi experiencia contigo, como un capítulo más de mi vida, mi maravilloso libro. El capítulo 17. El más bonito que jamás podría leer. El que siempre querría enseñar orgullosa en la estantería de mi biblioteca.

Dicen que el hogar está dónde esté el corazón, y es ahí donde se que te encontraré cada vez que te busque.

Hoy, casi dos años después, digo adiós a la rabia, a la impotencia, a la culpabilidad, y a todos los sentimientos negativos que me alejaban de ti. Permitiendo, claro está, que algún día vengan a visitarme. Todos aquellos sentimientos que no me dejaban recibir tu cariño, tus besos en forma de aire fresco que formaban un auténtico caos en mi cabeza. Hoy, he soltado una parte de ti que me aferraba a tanto dolor pero tan necesario para volver a sentirte dentro de mi. Hoy, he subido un escaloncito más de ésta montaña y puedo decir que me siento un poco más libre.

Una mariposa que se deja fotografiar, una estrella fugaz mientras conduzco, un 17 en cualquier lugar, una B, dos arco-iris paralelos sin lluvia, una canción que habla de ti, de mi y de nuestros nueve meses. Porqué al final, de 22 meses después en adelante, todo me seguirá recordando a ti pero lo hará provocando en mi una enorme sonrisa. Feliz Navidad cariño. Que el 2017 nos traiga momentos llenos de ti. Te quiere, mamá ❤